El derretimiento de los glaciares marca el cambio climático en Bolivia

por Jonah Engle

Científicos y campesinos combinan técnicas de la agricultura tradicional e
investigación de vanguardia para producir alimentos de manera sostenible en
los altos Andes, donde la ecología está cambiando rápidamente.

Objetivo de la investigación Medición de las formas de uso del agua
por los agricultores y pronóstico a largo plazo del abastecimiento de agua en
la cuenca de Illimani para ayudar a las comunidades a adaptarse al cambio climático

El calentamiento global es más rápido a grandes alturas, reduciendo el glaciar de Illimani y otros en los Andes

El desafío

Durante siglos, el glaciar Illimani, con vista sobre la capital de Bolivia, La Paz, ha mantenido la vida en las laderas de la segunda montaña más alta del país. En esta región árida, el glaciar actúa como un reservorio natural, proporcionando
la única fuente de agua durante la estación seca a las comunidades agrícolas indígenas.

En los últimos años, el cambio climático ha traído lluvias erráticas, temperaturas en ascenso y alta demanda de agua. Como resultado, el glaciar se está reduciendo, lo que generó conflictos por el agua y amenaza la supervivencia de los pueblos de la cuenca del Illimani. Es un patrón que se repite a lo largo de los Andes y en otras regiones montañosas porque las temperaturas han aumentado más rápido en altitudes mayores. Un estudio internacional de 2011 encontró que la escasez de agua es probable que continúe en aumento, sobre todo en ciudades de gran altitud, como La Paz, Quito y Bogotá, que son el hogar de millones de personas.

Los habitantes de la cuenca del glaciar Illimani sabían que éste se estaba
reduciendo. Sin embargo, nadie sabía cómo estaba cambiando el uso del agua y
cómo iría a cambiar el medio ambiente local en los años posteriores. Responder
a estas preguntas es fundamental para la elaboración de las políticas de uso
del agua que permitirán a la región adaptarse a un clima rápidamente cambiante.

Eso es lo que han decidido hacer los investigadores de la Universidad Mayor
de San Andrés, la universidad más grande del país, y la ONG boliviana Agua Sustentable,
con el apoyo del Centro Internacional de Investigaciones para el Desarrollo
(IDRC, Canadá).

La investigación

En los dos años que lleva el proyecto, los investigadores están desarrollando
una imagen detallada de cómo la cuenca del Illimani está cambiando y estableciendo
una base sólida para la gestión del agua en base a los mejores datos científicos.
Un elemento clave ha sido la magnitud dramática de los cambios producidos en
la agricultura de la cuenca por el cambio climático. Hasta hace pocas décadas
atrás, los pobladores practicaban la agricultura de subsistencia, utilizando
una amplia variedad de cultivos que comerciaban con otros pueblos. Las crecientes
temperaturas y una mayor disponibilidad de agua del glaciar que se derrite han
llevado a los agricultores a cambiar a cultivos comerciales y a extender la
agricultura a mayores altitudes. “Ahora podemos cultivar todo el año, no como
antes que la agricultura sólo era posible en períodos muy específicos”, dice
Leandro Gutiérrez, un agricultor de la aldea de Khapi.

La superficie cultivada se ha triplicado en las últimas tres décadas, la mayor
expansión ocurrida en los últimos diez años. Nuevas oportunidades económicas
y un mejor transporte hacia los mercados de La Paz han traído inmigrantes a
la zona. Muchas comunidades se han multiplicado por diez.

El crecimiento de la población y la intensificación de la agricultura significan
que los agricultores utilizan más agua. “Todo el mundo está tratando de beneficiarse
de la bonanza, pero es claro que no va a ser sostenible”, dice el oficial de programa del IDRC Marco Rondón, quien señala que los conflictos sobre el agua van en aumento. El cambio de cultivos diversificados hacia el monocultivo intensivo ha traído también nuevas y devastadoras plagas y el agotamiento del suelo. “Las plagas de la lechuga son extremadamente agresivas y no estaban antes en nuestros cultivos”, dice el agricultor José Apaza.

Para obtener información confiable sobre la climatología de esta región poco estudiada, se instalaron estaciones meteorológicas en toda la cuenca, incluyendo una a gran altura junto al glaciar. Rondón la describe como la mejor de los Andes: “Hay pocas estaciones de este tipo a gran altitud en el mundo por lo que está generando datos clave”, dice.

Al combinar la información meteorológica con nuevas imágenes de sensores remotos
y otras técnicas, los investigadores han descubierto que el glaciar se está retirando de 10 a 12 metros por año. “Una gran pérdida”, según Rondón. También han generado un mapa tridimensional del glaciar. Los científicos están integrando este mayor conocimiento del entorno local con los modelos climáticos globales para predecir los futuros aumentos de temperatura y los patrones de precipitación.

El proyecto también ha llevado a una mejor comprensión de la importancia hidrológica
de los bofedales (turberas), que son comunes en la base de los Andes. La investigación
ha descubierto la cantidad de agua que estas esponjas naturales retienen y liberan
y ha puesto de relieve el papel vital de estas pequeñas áreas en el ciclo del agua de los ecosistemas andinos. Sin embargo, 75% de las turberas locales se han perdido en las últimas décadas por el pastoreo excesivo, largos períodos de sequía y otras causas. Los resultados refuerzan la importancia de preservar estas áreas.

Impactos esperados

Como los agricultores de subsistencia se han pasado a la economía de mercado,
sus medios de subsistencia dependen ahora de un solo cultivo. Al preguntarles
qué harían si una plaga acabara con sus cultivos, los agricultores respondieron
que abandonarían sus aldeas y se trasladarían a la ciudad, dice la líder del
proyecto Magali García. “Ellos no tienen ninguna capacidad de adaptación ahora”,
comenta. Los investigadores están trabajando con los agricultores para retornar
a los métodos agrícolas tradicionales reintroduciendo árboles frutales y la
rotación de cultivos. La sombra de los árboles reduce la evaporación. Una mayor
diversidad agrícola aumenta la capacidad de adaptación a enfermedades y plagas,
permite que el suelo se recupere por si mismo y ofrece nuevas fuentes de ingreso.

Para mejorar aún más la conservación, los investigadores probaron reservorios
de agua de bajo costo que permiten regar los campos en la estación seca por
medio del goteo eficiente. El éxito del proyecto piloto generó una gran demanda
de estos depósitos. Los investigadores también encontraron que al regar menos,
pero en los momentos óptimos, los agricultores podrían ahorrar 30% de agua en
el cultivo del maíz.

Según García, la clave para la adaptación en la cuenca del Illimani es la conciencia
creciente de que el derretimiento de los glaciares es sólo un elemento en el
cambio climático. “Es un sistema compuesto por una serie interconectada de cambios
sociales, económicos y ambientales. Tiene que ser abordado de manera integral”,
agrega.

El proyecto de la cuenca del Illimani es un excelente ejemplo de enfoque integrado
que considera las preocupaciones y las condiciones de los agricultores. Los
investigadores están trabajando ahora con las comunidades para diseñar una estrategia
de uso justo y sostenible del agua para el futuro.

Jonah Engle es un escritor residente en Montreal.

This document is also available at: http://bit.ly/qzuuNs

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